sábado, 27 de septiembre de 2008

CAER

Caí… caí,
hasta los abismos
más profundos,
hasta la oscuridad que
penetra mi alma,
hasta el propio
infierno de mi Ser.

Caí… caí
con el peso de la
culpa, con el dolor
de los errores,
con el desdén de haber
dejado de Ser.

Caí… y no sé más…
No tengo fuerzas,
tampoco voluntad, mucho
menos esperanzas, y
para colmo, perdí la fe.

Caí… ¡Oh, por Dios caí!
Qué caída, ya no
sé que hacer.
Me quedaré a esperar
la nada, y liberarme
poco a poco, cual humo
despedido de su leño
recién quemado.

Caí… caí,
como nunca pude
imaginar, hasta ese
lugar, tan insondable
que ni Dios, fácilmente
podría penetrar.

Caí… me caí,
Cayó sobre mí la
esencia desvanecida,
líquido inmundo que
lo corrompe todo.

Ya no sé, no sé a donde iré,
Pero siento alivio, mi
corazón esta dilatándose.
En pocos minutos dejaré
de existir.

Ahora lo comprendo
todo, lo sé a todo,
lo deseo todo,
pero ya (…)

Caí, hasta tocar fondo,
y si Dios quiere podré
salir, cual pluma mojada
y hundida, llevada
hasta el colmo y la
sinrazón.

Caí… ¿Qué más queda?

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